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¿Está descripto un eclipse en la Odisea?

 

 

Constantino Baikouzis*, and  Marcelo O. Magnasco*,

*Laboratory of Mathematical Physics, The Rockefeller University, New York, NY 10065; and

Proyecto Observatorio, Secretaría de Extensión, Observatorio Astronómico de La Plata, Paseo del Bosque, B1900FWA La Plata, Argentina

 

Los poemas homéricos dieron lugar, desde la antigüedad, a toda una serie de controversias en cuanto a la veracidad de los hechos ahí narrados. Sin embargo los hallazgos arqueológicos de las ciudades descritas por aquél, fueron mostrando que la fantasía en dichos poemas, ocupa un lugar cada vez menor. Es paradigmático el caso de H. Schliemann quien por medio de una lectura directa de la Ilíada descubrió Troya en 1871. Del mismo modo nos acercaremos a las citas de índole astronómica que

figuran a lo largo del último mes del regreso de Odiseo a Ítaca con el propósito de notar si componen un núcleo verosímil de acontecimientos.

 

 

Homero

Los poemas atribuidos a Homero, la Ilíada y la Odisea, dieron lugar, desde hace muchos siglos, a toda una serie de controversias que aún no han sido resueltas. Los datos lingüísticos e históricos de los que se dispone permiten suponer que los poemas fueron escritos en los asentamientos griegos de la costa oeste del Asia Menor, hacia el siglo IX a.C. Las dos epopeyas narran hechos que supuestamente ocurrieron muchos siglos antes de la época en que fueron escritas. La Ilíada se sitúa en el último año de la guerra de Troya, que constituye el telón de fondo de su trama, mientras que la Odisea narra el regreso del héroe griego Odiseo (Ulises en la tradición latina) luego de haber combatido en dicha guerra. Subsisten sin embargo muchas dudas en cuanto a la identidad del autor, habiéndose formulado diversas hipótesis.

            Curiosamente, la enorme cantidad de bibliografía existente acerca de Homero  nos indica lo poco que se sabe sobre este poeta. Los interrogantes se plantean en torno a muchas cuestiones. Una de ellas es si Homero fue realmente el autor de La Iliada y La Odisea. En efecto, se habla de un autor para cada obra e incluso hay quienes sostienen que no fueron uno o dos poetas sino que estas obras son una compilación de diversas tradiciones. También se supone que ciertos pasajes fueron insertados con posterioridad.            De su lugar de nacimiento no se sabe mucho por no decir nada. Desde la antigüedad siete ciudades figuran  como posibles patrias del poeta. Dos de estas se sitúan en Asia Menor y son Esmirna y Colofón y el resto se distribuye por toda Grecia, entre las que se encuentran Atenas e Ítaca, siendo esta última -dicho sea de paso- la patria de Ulises.

            La época en que vivió Homero también es un verdadero misterio. Si reunimos todos los datos existentes, referentes a la época en que habría vivido, encontramos un período de tiempo que va del 900 a.C. al 500 a.C., observando, mayoritariamente, una tendencia al 700 a.C.

      Llegamos a fines del siglo XIX, cuando se comprueba que en los poemas homéricos existen citas de lugares concretos, reales. El primero de encargarse de esto es H Schlieman, quien en 1871 y con la sola ayuda de La Ilíada, descubre Troya en Hissarlik, en ángulo N.W. de Turquía. Este descubrimiento genera una nueva versión de la fiebre del oro, volcándose a la cuenca del Egeo una cantidad considerable de arqueólogos, ávidos de nuevos descubrimientos. Uno de éstos llamado A. Evans, descubre en Creta el palacio de Cnosos, donde habría reinado el legendario Rey Minos, cosa que también nos cuenta Homero. La ubicación geográfica de varias regiones y los hallazgos arqueológicos de las ciudades descritas por Homero, fueron mostrando que muchos de los acontecimientos que figuran en su obra, habrían transcurrido en sitios reales. Las citas astronómicas que encontramos no son la excepción, ya que las características atribuidas por el poeta a ciertos fenómenos celestes y a las constelaciones son en gran medida  comprobables.

 

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Troya VI: Muralla y Torre

Los eclipses en la literatura clásica

En la descripción de antiguos eclipses se advierte, en general, que no sólo se cita la desaparición del Sol, sino que también se pone de manifiesto la oscuridad que sobreviene inmediatamente. Herodoto, por ejemplo, nos cuenta en su Historia  la ocurrencia de un eclipse solar que tuvo lugar en Sardes, la capital de la antigua Lidia, situada en Asia menor. Apenas partió de allí Jerjes para emprender la campaña contra Grecia, afirma, el sol, dejando su sitio en el cielo, desapareció aunque no había nubes y estaba despejado, de suerte que el día se convirtió en noche. Este eclipse fue calculado. Ocurrió en el 478 a.C.  A su vez, Plutarco, en su obra Vidas paralelas, nos cuenta como el general tebano Pelópidas, que se distinguió por liberar a su patria del yugo espartano, fue testigo de un eclipse total de sol antes de partir hacia una batalla. Muchos de sus soldados, cuando observaron que el sol desapareció y en pleno día la oscuridad se cernió sobre la ciudad, se atemorizaron al punto de no querer participar en la lucha. Este eclipse ocurrió en el 365 a.C. Encontramos citas de similar estructura en otros pasajes de Plutarco, como así también en otros autores.

En muchos de estos testimonios se afirma que el Sol, ocultado por la Luna, desaparece súbitamente. Quien haya tenido la oportunidad de apreciar un fenómeno de este tipo se habrá dado cuenta que efectivamente ocurre así, pero veamos las causas con cierto detalle. Si nos ubicamos frente a una fuente luminosa cuya intensidad aumenta gradualmente, podremos percibir dicha variación de intensidad hasta un valor de intensidad determinado. Pero en un dado momento la visión se satura, y nos es imposible de allí en más apreciar  algún cambio, a pesar de que la intensidad de la luz es cada vez mayor. Ahora bien, la cantidad de luz emitida por el Sol es muy grande, y su magnitud visual es de -26,72 . (Recuérdese que las estrellas más brillantes tienen magnitudes inferiores a cero: Sirio, la estrella más brillante del cielo nocturno, tiene una magnitud de -1,6, mientras que la de la luna llena es de –12.) En un eclipse total de Sol, la duración entre el primer contacto de los discos solar y lunar y el estado de ocultamiento total (en el que la Luna cubre al Sol completamente), depende de la latitud en que se produce la fase principal del eclipse. Si esto ocurre cerca del ecuador puede llegar a una hora cuarenta y siete minutos según los eclipses observados. Y si bien un leve oscurecimiento se hace manifiesto a partir de los últimos minutos, la mayor parte de la luminosidad del ambiente se pierde prácticamente en forma instantánea.

¿Por qué sucede esto? Hasta que la superficie solar no se cubre hasta más  de un ochenta por ciento, por lo explicado más arriba, no se percibe cambio alguno en la luminosidad del ambiente. La última fracción de superficie solar visible que nos permitiría observar un cambio gradual de luminosidad hasta la oscuridad es tan pequeña que la luna la cubre en fracciones de segundo. Por este motivo el oscurecimiento sobreviene en forma instantánea. Sirva este dato a modo de ilustración: un segundo antes de la ocultación total, el valor de la magnitud visual del Sol es aun de -19. La oscuridad que sigue es bastante acentuada debido a que nuestros ojos están todavía acostumbrados a la luz, pero en pocos instantes ya se pueden ver las estrellas, la corona solar y el aspecto nocturno del paisaje circundante.

 

 

 

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Navegación astronómica en la Odisea

La Odisea narra el regreso del héroe griego Odiseo (Ulises) de la guerra de Troya, ante cuyos muros pelearon los griegos durante diez años. Una vez concluida la guerra, Odiseo se separa de la flota de uno de los jefes a causa de una tempestad. A partir de ese momento su vuelta se ve dilatada por diversos motivos. Saquea pueblos y también padece otras penurias a lo largo de las cuales va perdiendo toda su flota hasta llegar totalmente solo a Ogigia donde estaba la ninfa Calipso quien tras no poder retenerlo más junto a ella, lo deja regresar a su patria. De este modo Odiseo llega a Ítaca después de un retorno que duró diez años y de veinte de haber partido de aquélla. Al llegar se encuentra con que un gran número de pretendientes de su esposa Penélope quienes se dedicaban a arruinar su hacienda usando su propio palacio para llevar a cabo continuos festines. Su hijo Telémaco poco podía hacer para evitar tal ultraje, sólo tener la esperanza de que su padre volviese algún día. Así ocurre y Odiseo tras un minucioso plan logra poner fin a las iniquidades cometidas por los pretendientes en su palacio dándoles muerte.

            En los versos 356 y 357 del vigésimo canto de la Odisea se puede leer lo siguiente: El Sol desapareció del cielo, y una terrible oscuridad se extendió por doquier.

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Esto concuerda notablemente con la manera de describir un eclipse, lo que nos lleva a pensar que es una clara alusión a dicho fenómeno. También es interesante observar que una de las acepciones del término griego extendió (¤pid¡dromen), que aparece en estos versos, es "atacar sorpresiva o repentinamente". Como acabamos de señalar, así es, precisamente, el modo en que disminuye la luz durante un eclipse total de Sol. Por otra parte, cuando Odiseo abandona la morada de la ninfa Calipso en la isla de Ogigia, situada por los mitógrafos en la actual Ceuta, en la costa septentrional de Marruecos frente a Gibraltar, lo hace en una balsa construida por él mismo. Navega con rumbo Este, ya que Calipso le había indicado tener la Osa Mayor a la izquierda durante la travesía, pero también utiliza a la constelación del Boötes y a las Pléyades para mantener fijo el rumbo. El fragmento (correspondiente al quinto canto) es el siguiente:

Feliz desplegó las velas al favorable viento el divino Odiseo y sentado gobernaba con arte el timón y no caía el sueño sobre sus párpados, observando las Pléyades y el Boyero de puesta tardía, y la Osa, a la que también llaman por sobrenombre Carro, la cual gira allí, acecha a Orión y sólo ella no se baña en el océano, ya que Calipso, divina entre las diosas, le había ordenado que navegara teniéndola a la mano izquierda

Ursa Major

            Tenemos de esta manera datos astronómicos vinculados entre sí temporalmente gracias a que Homero describe día a día lo que va aconteciendo durante ese intervalo. Por una parte un eclipse; por otra, el aspecto del cielo visto desde una latitud determinada. Veamos ahora si estas informaciones, que nos aporta Homero, se corresponden con acontecimientos que pueden ser corroborados por la astronomía moderna.

 Encontramos un eclipse total hacia el final del período micénico (hacia el 1100 a. C.), -periodo al que pertenecería la trama de la Odisea -, que fue visible desde Itaca. Ocurrió el 16 de abril de 1178 a.C. y sería probablemente el que se menciona en el poema. La desaparición del Sol es citada por el adivino Teoclímeno, un huésped de Telémaco, en el momento en que predice a los pretendientes de Penélope su próximo fin, acaecido en ese mismo día. No debe sorprendemos esta coincidencia, pues se vincularía con la antigua creencia de que la ocurrencia de un eclipse era una señal funesta o de mal agüero: Jerjes fracasó en su campaña contra Grecia y Pelópidas halló la muerte en la batalla.

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Si admitimos como válida la fecha del asesinato de los pretendientes, veamos cómo establecer otros indicadores de que existe al menos un núcleo verosímil de los acontecimientos que narra Homero. Veintiocho días antes del eclipse, o sea el 20 de marzo de 1178 a.C., Odiseo parte de la isla de Ogigia. Esa misma noche, se dice en la Odisea, se podía observar efectivamente a las Pléyades hacia el Oeste y al Boótes al NE, por lo menos a partir del crepúsculo náutico (el momento en el que el Sol se encuentra a 120 por debajo del horizonte, siendo entonces visibles los astros más brillantes, aptos para la navegación) y a 360 de latitud Norte (estrecho de Gibraltar). La Osa Mayor por supuesto se veía, ya que en esa época, para la latitud dada, era circumpolar. Esta  última afirmación merece ser aclarada. La orientación del eje terrestre no se mantiene invariable en el espacio, sino que describe un cono alrededor del polo de la eclíptica, completando una revolución cada 26000 años aproximadamente. Este fenómeno, llamado "precesión de los equinoccios” origina un continuo cambio en las coordenadas de cada astro, de manera tal que determinadas estrellas se hacen visibles o dejan de serlo para una latitud dada. Por ejemplo: cuando el eje terrestre, que actualmente apunta hacia la estrella polar (Alfa ursa minoris), lo haga hacia la estrella Vega (Alfa lirae) dentro de unos 13000 años, la Cruz del Sur será visible desde la cuenca del Mediterráneo. Debido a este fenómeno, en la época de Homero y desde las regiones de la Tierra conocidas por él, la Osa Mayor era circumpolar (se veía  por encima del horizonte durante todo el año) aunque hoy ya no lo es.

A los dieciocho días de navegación, Odiseo naufraga y es arrojado a la isla de los Feacios (actual Corfú, la más septentrional de las islas jónicas) cuyos habitantes lo reintegran finalmente a su patria, a la que llega en la madrugada del vigésimo cuarto día. Desembarca antes de que salga el Sol y en momentos en que se elevaba el planeta Venus (descrito como aquel astro que principalmente anuncia la llegada de la madrugada). También aquí la descripción poética está de acuerdo con la sucesión de eventos astronómicos: el 12 de abril de 1178 a. C., Venus era visible por la madrugada.

          Otro pasaje que nos llama la atención es aquél que nos cuenta cómo Odiseo, simulando ser un mendigo en su propia mansión, en un diálogo con Penélope --quien, desconociendo su identidad, lo interroga en cuanto al paradero de su esposo--, le asegura que Odiseo está vivo y se presentará en el palacio al término del corriente mes y al comenzar el próximo. El día en que se produce el eclipse, es precisamente aquél en que acontece la matanza de los pretendientes, cosa que podríamos asegurar debido a que todos los actos de Odiseo, mientras estuvo de incógnito en su palacio, fueron premeditados. Ahora bien, antiguamente los calendarios eran lunares y, por tanto, la duración del mes estaba determinada por el intervalo de tiempo que dura una lunación contado a partir de la luna nueva. Recién en el año 500 a. C. los babilonios descubrirán un modo de corregir el defasaje que sufrían los meses lunares con respecto al año debido a la inconmensurabilidad entre ambos. Odiseo le esta diciendo a Penélope en realidad que su esposo vendrá en Luna nueva, fase en la que debe encontrarse para que se produzca un eclipse solar.

La datación de la caída de Troya

La guerra de Troya se ha situado a principios del siglo XII a.C., pero, si todo lo dicho anteriormente reflejase la realidad histórica, podríamos ofrecer una fecha precisa: la caída de la ciudad habría tenido lugar diez años antes del eclipse de Homero, es decir en el 1188 a. C. (No olvidemos que Odiseo al partir de Troya tardó diez años en regresar a su patria.). La  fecha de la caída de Troya que hemos hallado de esta manera difiere en tan sólo cuatro años de la dada por el matemático y astrónomo Eratóstenes (273-192 a.C.?), quien la ubica en el 1184 a.C. En lo que concierne a la astronomía y a la matemática, es bien conocido el rigor científico que adoptó Eratóstenes para encarar diversos problemas, entre ellos su conocido procedimiento para estimar el radio terrestre.

            Otra estimación la proporciona Timeo de Tauromenia (actual Taormina, en la costa oriental de Sicilia), quien sitúa la caída de Troya en el año 1193 a.C. Este historiador griego, que vivió en el siglo III a.C., es autor de una historia de Sicilia en la que narra los eventos sucedidos en el período comprendido entre la temprana historia de Italia y Sicilia hasta la muerte de Agáthocles (tirano de Siracusa, 361-289 a.C.). También es autor de una vida de Pirro y de las Olimpionicai (historia de los vencedores de las Olimpiadas). En esta obra realiza un estudio en el que propone la idea de que las fechas de los juegos olímpicos, a los que concurrían atletas de todas las naciones vecinas, ofrecerían un patrón común de validez internacional para la cronología.

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